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  1. Me complace enormemente hablar en mi blog no sólo de una obra insólita e intachablemente fresca, sino también poder hacerlo de un genio, una figura inusitada en las tierras a veces baldías a veces prometidas de la literatura: Equilibrista, también conocido por otros lares como Deivid Verdugo, o incluso Cloud Sprite. Y si se me permite la licencia bautismal, incluso también conocido como El Houdini de las Letras.



    El idioma de las señales es un idioma estructuralmente complejo pero de un realismo ambicioso. Necesitamos tener un bagaje sociolingüístico mínimo para poder llegar a todos sus entresijos, que no son pocos. 

    Recuerde que las metáforas siempre tienen preferencia
    se nos advierte cuando procuramos articular nuestras primeras interpretaciones en tal idioma.No se trata de estudiar gramática, sino de aprender de la impredecible casuística que se sucede en el idioma. Es un idioma en el que lo fortuito es revelador, donde las excepciones articulan una lógica singular.
     El sistema fonológico y el alfabeto son un conjunto semiótico volátil de significaciones diversas. El alfabeto es subjetivo, y sujeto asimismo a ponderación del hablante. Uno encuentra dificultad para articular las primeras palabras en este idioma, pero es un trabajo si bien arduo agradecido. En problablemente dos minutos usted habrá aprendido a redactar frases sencillas de varios sentidos, cuya ambigüedad escapa al atisbo de cualquier académico de la lengua.
     El Decálogo no es sino la gramática fundacional del idioma. El orden usual es Sujeto + Sujeto + Sujeto, aunque también no se descarta Objeto + Sueño + Fantasía, siendo este último un orden reservado para los más avezados.
     Los primeros textos son fáciles de leer. No hay más que deshacerre de todo lo que usted sabía de los otros idiomas y regurgitarlo hasta que sea una pasta amorfa y libre de encorsetadas convenciones. No existe comunicación posible entre dos hablantes del idioma de los señales pues el sentido es siempre el contrario al que uno quería usar al redactar un texto o articular una frase, de modo que si yo digo "Murió disparado" usted entenderá "Lo besó el acero". Disparo en el idioma de los señales se puede traducir como beso acerado. Y aquí entra la rica morfología del idioma, siempre tan dispuesta a recrearse en funambulismos léxicos.
     Es un idioma ágrafo (lo que usted lee no es sino producto de su autosugestión, pues es un idioma que solo existe en la mente individual), pero de fuertes tradiciones orales que se remontan a tiempos antediluvianos, de cuando Godzilla anegó a la humanidad entera.
    Hay distintos acentos (esto es, distintos modos de articular disparates) del idioma, totalmente ininteligibles entre sí, pues si lo fueran el idioma se volatilizaría al acto.

    Usted será capaz de hablar el idioma de las señales tan pronto acepte que no sabe nada. También ayuda soñar despierto, hacer ver que habla con alguien cuando en realidad lo  está apuñalando o directamente traducidendo literalmente de sus idiomas maternos (es como se consigue el mejor sentido en todos los casos)

    Dedico esta breve reseña lingüística (en realidad literaria) a mi gran amigo David, también conocido por otros apodos no menos memorables.

    El idioma de los señales no tiene academia que lo regule ni sirve para encontrar trabajo. Hablarlo es un fin en sí mismo. Y este fin no es sino un portento de poesía prosaica, o de prosa poética. O ambas cosas.

  2. "Disfemismo" es realmente un eufemismo de "insulto".


  3. 4 may 2011


    La Semana de las Greguerías. "Contradicciones"


    Homenajeando al entrañable e irrepetible Ramón Gómez de la Serna, me dispongo a recrearme en mis artilugios estilísticos más anodinos para acometer con un fin igualmente trivial, aunque necesario: la señalación de las paradojas. Contradicciones inesperadas, altibajos supinamente innecesarios, observaciones totalmente prescindibles; todo ello, sin embargo, bajo el prisma del lenguaje sincero y ante todo pueril, pero clarísimamente inocente.

    Ramón Gómez de la Serna fue el inventor de las Greguerías. Ya a principios del siglo XX gestaba (a saber si en sus ratos libres) sus celebérrimas y atroces estupideces del mundo a veces tan apresuradamente moderno. Su máxima para comprender las greguerías fue la siguiente: Metáfora + Humor= Greguería. Metáforas a veces sencillas, otras veces retorcidas; humor usualmente desenfadado y distendido, otras veces mordaz. Recrear a Gómez de la Serna no va a ser nada fácil. Pero con la intención de cerciorarme de que hay muchísimas más contradicciones de las que sospechamos, allá voy.