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  1. Si Quentin Tarantino dirigiese una película de animación japonesa cyberpunk entroncada en una atmósfera paranoica al más puro estilo Hitchcock y aderezada con dudas ontológicas tendríamos algo parecido a Subway Placebo. El placer de reseñar sobre un libro aumenta exponencialmente cuando conoces personalmente a la autora, máxime teniendo el libro dedicado. Siempre digo que un libro dedicado no es solamente único por la firma, sino por la página extra que otros libros no tienen. Por eso puedo enorgullecerme de poseer una edición coleccionista improvisada.



    Subway Placebo nos transporta a una Barcelona necrófaga, tarantiniana y brutal. Nina y Delia son, por así decirlo, el binomio sobre el que se sustenta la narración de varios personajes insanos y necesitados en un futuro tan cercano como apocalíptico donde ni el dolor ni el placer despiertan de una anestesia vertebral, de camino a ser atávica. Digo futuro porque si bien transcurre en el año 2012, la ambientación se correspondería con, por sacar a colación la piedra angular del cyberpunk, la celebérrima Akira.



    Pero la Barcelona no es tan tecnológicamente perfecta como Neo-Tokyo, sino más bien el paradigma de la caída de la civilización para convertirse en la necrocivilización, donde la tecnología se superpone a la ética, y la vida humana se subyuga sin tapujos al cinismo más barato. Como aficionado al manga y anime en general, me resulta imposible no establecer conexiones entre el libro y otras obras de anime. Si la Barcelona de Subway Placebo me recordó a Neo-Tokyo, su entramado atmosférico, su tono y la idiosincrasia de los persoajes me recuerda totalmente a Serial Experiments Lain, obra maestra de la que ya hablé en mi blog. En Lain se pone a prueba el ser humano desde su estrato primigenio hasta el más elevado y espiritual. La absorción de una chica hacia otros mundos alternativos hasta el punto de plantearse qué mundo es más creíble, más veraz.



    Pero, ¿y qué pasa en Subway Placebo? ¿De qué va? se preguntaría el lector average. No puedo explicar ni quiero si pudiera, pero por resumirlo en forma poética, Subway Placebo es una oda al Cyberpunk, a Phillip K. Dick, al cine de serie B, los videojuegos online y muchas otras cosas más, reunidas bajo el estandarte del leitmotiv llamado putrefacción, degeneración. Admitámoslo, no es un libro para legos y sensibleros. Hace falta muy poca empatía para poder disfrutar del libro (harto fácil en mí) y poseer un bagaje cuanto más amplio dentro del los susodichos campos, mejor. Y, por supuesto, vivir en Barcelona contribuye a sentirse aterrado y más inmerso en la historia, un lugar donde

    la ciudad huele a quemado
    la habitación huele a quemado
    el hospital huele a quemado
    su cerebro está en llamas

    La lectura de tal amalgama de paranoia, violencia, cinismo se nos antoja rápida. Es un libro que uno no espera que sea así. Ya sea desde el flujo de conciencia más desgarrador hasta la retahíla de insultos más vulgar, este libro nos saca a pasear por todo un parque de formas variadas. Uno puede incluso atisbar poesía en lo banal, sarcástico y lacónico

    Noche de Halloween adelantado. Por eso, hagan sus pedidos. Subway Placebo vive en el Pynchon Bar, la cadena de establecimientos en los que la comida surge para el más puro placer del consumidor. Donde la comida se regurgita para el más puro displacer del deglutidor. Lavabos vomitorios, como en circo romano. Yeah.

    o disfrutar de diálogos de besugos tan delicadamente orquestrados que parecen sacados del mejor Teatro del Absurdo:

    -¿Qué ha pasado?
    -No podemos saberlo -respondió su voz, con un timbre metálico.
    -Mi nombre es Slot.
    -Bien. Sigue hablando.
    -¿Y tú?
    -¿Yo?
    -Sí. Dime tu nombre.
    -Jeremías.
    -¿Jeremías?
    -Sí, Jeremías -la voz se iba acercando.
    -¿Y qué más?
    -Jeremías Kengo.
    -Sí.
    -¡Qué nombre tan raro!
    -Todos los nombres son raros. ¿Y tú?
    La genialidad de Subway Placebo radica en la perfecta simbiosis que existe entre la esencia, tan consabida, de lo lúgubre y alienante del metro con lo frívolo y capitalista de los theme parks. Se decide construir un interesante parque temático (dedicado a todas la películas habidas y por haber) simbiotizado con el metro de Barcelona hasta a llegar a cotas donde el límite entre el espectáculo y la muerte real es imperceptible.

     Y es en este punto donde, en medo de intentos de suicidio, filmaciones snuff y pasotismo ciudadano alarmante, surgen por un lado Los Humanistas, nueva luz que devolverá la humanidad a su letargo necesario. Y, por otro, los tecnozombies. Solo unos pocos logran huir fuera de esta necrocivilización para asentarse (o estar siempre a la deriva) en las ciudades Post-It. Todo esto me trae de vuelta a los gratos momentos pasados con Final Fantasy VII, donde Midgar nos presenta con su modelo de ciudad hiperindustrial y de estratos clase baja-media-alta.


    Midgar es el paradigma de la decadencia bella. La decadencia solo se consigue con el paso de los años, con el abandono, el olvido, la putrefacción. Y de ahí surge esta urbe infecta e inhumana, gestada durante mucho tiempo. Esto es casi la Barcelona que se nos presenta en Subway Placebo. Ahí radica la belleza, pues es un proceso meritorio, sin lugar a dudas. Y, precisamente, en Final Fantasy VII también vemos ciertos entes implantados, fabricados, vacuos y a todas luces, alarmantes. Lo descubrimos en el principio del juego con un hombre (de tantos otros que malviven en resquicios de la ciudad como tuberías, sótanos, almacenes abandonados) enfermo que luce un misterioso tatuaje, de balbuceantes e ininteligibles palabras.



     Your pain is my reward, cantan Die Krupps en la oportuna canción Nocebo del álbum The Machinists of Joy. Pues es así cómo se desarrolla Subway Placebo, mareante y exigente por lo alto de sus formas, pero desquiciante, absorbente y atenazante por contrapartida. Una lectura ágil donde la vida pierde su tradicional estatus axiomático de bien total para pasar a ser otro objeto de cambio más. Donde, de hecho, el vivir puede ser necrovivir, según vemos en la actitud de la protagonista Nina, esclavizada en el templo del capitalismo urbanita llamado fast food, produciendo heces espirituales para los habitantes de la Barcelona asediada por los zombies más humanos posibles. Nada que ver con The Walking Dead, pues ahí al menos los humanos tienen motivos para sobrevivir. Aquí no queda claro qué sale más a cuenta, si dejarse implantar o no, si vivir al margen de la civilización cual forajido o seguir siendo deglutido por las bocas de metro.

    Y, puestos a confabular, de existir película de Subway Placebo, debería tener una banda sonora industrial, EBM (Electronic Body Music) de la mano de Die Krupps, que muy acertadamente nos advierten de los peligros de una robotización frivolocapitalista en su videoclip Robo Sapiens.


    PD: La cantidad de referencias que este libro dedica a la subcultura es insondable, casi infinita. No puedo sino admitir haberme siquiera acercado a unas pocas, las que más me han llegado, y elaborar mi propia constelación de ideas.


  2. Me complace enormemente hablar en mi blog no sólo de una obra insólita e intachablemente fresca, sino también poder hacerlo de un genio, una figura inusitada en las tierras a veces baldías a veces prometidas de la literatura: Equilibrista, también conocido por otros lares como Deivid Verdugo, o incluso Cloud Sprite. Y si se me permite la licencia bautismal, incluso también conocido como El Houdini de las Letras.



    El idioma de las señales es un idioma estructuralmente complejo pero de un realismo ambicioso. Necesitamos tener un bagaje sociolingüístico mínimo para poder llegar a todos sus entresijos, que no son pocos. 

    Recuerde que las metáforas siempre tienen preferencia
    se nos advierte cuando procuramos articular nuestras primeras interpretaciones en tal idioma.No se trata de estudiar gramática, sino de aprender de la impredecible casuística que se sucede en el idioma. Es un idioma en el que lo fortuito es revelador, donde las excepciones articulan una lógica singular.
     El sistema fonológico y el alfabeto son un conjunto semiótico volátil de significaciones diversas. El alfabeto es subjetivo, y sujeto asimismo a ponderación del hablante. Uno encuentra dificultad para articular las primeras palabras en este idioma, pero es un trabajo si bien arduo agradecido. En problablemente dos minutos usted habrá aprendido a redactar frases sencillas de varios sentidos, cuya ambigüedad escapa al atisbo de cualquier académico de la lengua.
     El Decálogo no es sino la gramática fundacional del idioma. El orden usual es Sujeto + Sujeto + Sujeto, aunque también no se descarta Objeto + Sueño + Fantasía, siendo este último un orden reservado para los más avezados.
     Los primeros textos son fáciles de leer. No hay más que deshacerre de todo lo que usted sabía de los otros idiomas y regurgitarlo hasta que sea una pasta amorfa y libre de encorsetadas convenciones. No existe comunicación posible entre dos hablantes del idioma de los señales pues el sentido es siempre el contrario al que uno quería usar al redactar un texto o articular una frase, de modo que si yo digo "Murió disparado" usted entenderá "Lo besó el acero". Disparo en el idioma de los señales se puede traducir como beso acerado. Y aquí entra la rica morfología del idioma, siempre tan dispuesta a recrearse en funambulismos léxicos.
     Es un idioma ágrafo (lo que usted lee no es sino producto de su autosugestión, pues es un idioma que solo existe en la mente individual), pero de fuertes tradiciones orales que se remontan a tiempos antediluvianos, de cuando Godzilla anegó a la humanidad entera.
    Hay distintos acentos (esto es, distintos modos de articular disparates) del idioma, totalmente ininteligibles entre sí, pues si lo fueran el idioma se volatilizaría al acto.

    Usted será capaz de hablar el idioma de las señales tan pronto acepte que no sabe nada. También ayuda soñar despierto, hacer ver que habla con alguien cuando en realidad lo  está apuñalando o directamente traducidendo literalmente de sus idiomas maternos (es como se consigue el mejor sentido en todos los casos)

    Dedico esta breve reseña lingüística (en realidad literaria) a mi gran amigo David, también conocido por otros apodos no menos memorables.

    El idioma de los señales no tiene academia que lo regule ni sirve para encontrar trabajo. Hablarlo es un fin en sí mismo. Y este fin no es sino un portento de poesía prosaica, o de prosa poética. O ambas cosas.

  3. Dune

    15 abr 2015

    Normalmente suelo intitular mis entradas con una sola palabra, cuya soledad sea precisa, justificada y potente. Una palabra que sin referirse al quid de la cuestión, la metonimice a la perfección. No obstante hoy me referiré a Dune, la intemporal y aclamada cúspide de la ciencia ficción, con la palabra que se merece, Dune justamente.


    Una duna, el desierto, sin agua. Arrakis. Un paraje insondable, perdido en confines inimaginables de un futuro oscuro que va más allá del año 10.000. Frank Herbert imaginó un mundo, o mejor dicho, un macrocosmos de varios mundos que se verían plasmados en su obra de 1965, que a pesar de lo antigua sigue siendo vigente en muchas capas de la preocupación humana. Si bien el género de la ciencia ficción ya lo habían labrado bien autores fundacionales como Isaac Asimov o Phillip K. Dick, de aire más distópico, Frank Herbert logró una proeza, considerada el triunfo de la imaginación o uno de los monumentos de la ciencia ficción, al llevar a cabo su proyecto que tantos años le costó incubar y luego ultimar: Arrakis, un planeta de castigo, desértico, que da cobijo a los Fremen, donde coexisten fuerzas opuestas al borde de la destrucción por la especia, una sustancia cercana a la ambrosía de la mitología griega y codiciada hasta cotas enfermizas.

    ¿Qué es Arrakis? El calvario e iluminación. En mitad de una vorágine de conflictos geopolíticos e interplanetarios, Paul comienza la que será la odisea de su vida, su calvario pero también su iluminación. Sería algo redundante narrar o resumir los detalles de la historia que se desarrolla a lo largo y ancho de Dune, puesto que se trata de una obra que, por un lado, es largamente conocida y leída; por otro, no me interesa perderme en las batallas familiares, en los entramados de espionaje y traición entre tantos personajes, sino en lo que llegan a trascender.

    Dune es para el lector detallista, observador, el que disfruta imaginando al milímetro el lugar descrito en cada línea, página. Nos da lecciones de moralidad, de religión, de ecologismo, de guerra, paz, política, amor, humanidad. La trama comienza en mitad de un surgimiento de hostilidades entre dos casas nobiliarias antagónicas, los Harkonnen y los Atreides. Recordándonos ahora a los celebérrimos Game of Thrones, y sus muy intrincadas historias de conspiración familiar entre casas nobles, nos vemos inmersos en el viaje físico y espiritual que Paul Atreides toma al comienzo del libro. Se nos enseña que el dolor y la disciplina rigen este nuevo orden de este futuro tan lejano, donde la religiosidad y el misticismo toman las riendas nuevamente para coexistir con el progreso tecnológico desmedido. Son dos los temas que más me llaman la atención: el ecologismo y el misticismo.

    Arrakis es la América que los europeos (Harkonnen, Atreides, el Imperio) hicieron suya. Los Fremen son los nativos que viven en simbiosis con el ecosistema, que existen porque tienen valiosas lecciones que dar todavía a los foráneos. En un planeta tan hostil y cruel, cada gota de agua cuenta, y es por eso que disfruté tanto con cómo logra el autor hacernos ver la necesidad tan vital que tenemos del agua, recurso preciado e insustituible. Los Fremen visten los stillsuit, trajes especiales dotados de conductos pequeños que retienen toda la humedad que desprenden sus cuerpos a través del sudor para recuperarla y aprovecharla nuevamente en una suerte de depuradora natural integrada.

    Los desplazamientos se hacen de noche, y cada gota de agua se cuenta; solo los watermasters son los encargados de gestionarla y contabilizarla. El agua es un bien preciado incluso después de la muerte: cualquier cadáver sigue siendo carroña valiosa, pues sus fluidos siguen teniendo agua en su composición. Los dew collectors son también vitales para absorber el rocío impregnado en las plantas. Cuando un guerrero reta y vence en un combate individual, su trofeo es ni más ni menos que el agua del rival. Así pues, se nos muestra una sociedad hiperconcienciada con la necesidad de una gestión óptima de los recursos junto con una actitud no dependiente hacia los mismos. 

    Errar por Arrakis es un tormento sin tregua: los terribles gusanos de arena custodian los desiertos como criaturas que acechan desde un plano espectral, enterrados bajo miles de metros. Su percepción del sonido es demasiado buena como para pasar desapercibido. Es necesario imitar el ritmo y la cadencia rota de la naturaleza, saber andar fundiéndose con ella. E incluso, puede que sea necesario domar a tales engendros, montándolos como signo de poderío incuestionable.

    Es así como, a base de repetir una y otra vez la temperatura, la sed, el sol, la sofocación, vivimos inmersos en una preocupación constante por el agua y por la supervivencia. Arrakis es la venganza que el Planeta Tierra invocaría sobre nosotros antes de morir consumida por nuestro desenfreno.

    En otro orden de cosas, la religión de Dune está increíblemente bien hilvanada. Existen numerosas confesiones descendientes del actual Islam o cristianismo, así como prácticas ecuménicas normalizadas, con un nivel de laicismo puesto en práctica muy envidiable por parte de nuestros gobiernos reales. Por un lado, nos choca que con el progreso tecnológico que a tantos años luz ha llegado, sea necesario fundamentar la vida otra vez en la religión, imbuyéndola de un sentido casi luterano, donde la predestinación es entendida y aceptada con asiduidad.

    Por otro lado, parece como si fuera casi inevitable volver a una percepción cosmogónica y animista del universo. La religión de Dune trasciende la realidad palpable y sirve como motor de reflexión, de concienciación, de autocontrol y de aprendizaje, pero despojada de toda fachada tradicionalista. Existen rituales, oraciones y letanías, pero a título siempre individual y de entrenamiento espiritual; no existen, de una vez por todas, concepciones meramente teístas que describan a un mesías al que habrá que seguir para siempre sin proponer alternativas a vacíos epistemológicos, filosóficos o incluso de la ciencia ecológica. Existe sin embargo la esperanza por parte de los Fremen de una Tierra Prometida, de un Mesías que se personará y guiará al pueblo a su particular cónclave predestinado, lejos de la tierra que tantos años lleva castigándolos. 

    Y esto, precisamente es fruto de la adoctrinación por parte de las Bene Gesserit, orden matriarcal de sacerdotisas con una fuerte herencia monoteísta y apologética.  Eso es porque existen órdenes sectarias, organizaciones y creencias integristas que, desafortunadamente, siguen poblando las mentes de muchas personas de este particular universo. De modo que... ¡no, la ceguera hacia la racional regresa cíclicamente, vuelve!

    Los personajes de Dune son conscientes de sus cuerpos a niveles totales, desde el puramente fisiológico hasta el psicomotriz, pasando por estados de autoconocimiento neural. Hasta existen modos de controlar a alguien mediante técnicas pseudotelepáticas. Los supuestos poderes que surgen a lo largo del libro son las futuribles evoluciones de las técnicas de respiración o meditación de muchas artes marciales, por ejemplo, pero llevadas al máximo y aderezadas con el toque místico adecuado.

    El autor consigue con destreza inigualable plasmar con pasmosa frialdad y exactitud el discurrir de los pensamientos de cada personaje de forma que haya dos capas que el lector recibe, la que comparte con los personajes y la otra, a la que tiene secreto y privilegiado acceso, que se sucede en los flujos de conciencia de los personajes. Hablan de cuánto tiempo tardan a reaccionar sus músculos, los segundos vitales y programados que transcurren antes de matar a una persona, o qué tipo de conexiones neuronales realizan y si van a servir para contraatacar a tiempo o esquivar.

    El plano de los pensamientos de Dune es grueso, interminable y denso, casi más que el plano de los hechos, motivo por el que hago un llamamiento a los que prefieren libros rápidos con acción literal, para que vayan con cuidado si no quieren ser decepcionados. Dune es una historia atemporal, clásica, imperecedera, podrán pasar miles de años y seguiría dándonos lecciones por lo transcendente de sus temas.

    I must not fear. Fear is the mind-killer. Fear is the little death that brings total obliteration. I will face my fear. I will permit it to pass over me and through me. And when it has gone past I will turn the inner eye to see its path. Where the fear has gone there will be nothing. Only I will remain.

    - Bene Gesserit Litany Against Fear

    Y, a modo de bonus, dejo una muy posible referencia del tema de Adam Freeland, Mind Killer, a Dune:


  4. Tramvia

    4 abr 2014

    Es va asseure en un dels còmodes bancs folrats de pell del vagó. A plena tarda, hom dormia i els rajos solars d'aquell calorós dia de Juny el van estar escalfant una bona estona, ininterrompudament, sense que cap viatger li aixafés la guitarra. El bon home, amb les cames paral·leles i el vestit ben polit, va deslligar la maleta, d'on hi tragué un petit i rugós dietari de pàgines verdoses. Va encetar un procés creatiu immers en el tramvia tranquil, quiet:

    Dijous, 10 de Juny de 1926

    Vet-ho aquí, avui he decidit empescar-me un dia lliure per tal d'acometre una de les meves tasques eternament pendents: visitar allò que la intel·lectualitat anomena la futura i última obra mestra del modernisme català. Els sotracs del tramvia pessigollegen la meva cal·ligrafia com un infant impacient que importuna la becaina dels pares. No hi ha gairebé ningú, i la brisa mediterrània transporta un bes inconegut al meu cos. Estic en absoluta pau interior...

    El viatge amb el Metro de Barcelona de l'altre dia ha estat una experiència gratificant com a amant del ferrocarril: d'unes compres puntuals a la plaça de Lesseps vaig poder desaparèixer en un tres i no res i arribar a la meva oficina a prop del barri de Gràcia. La velocitat gràcil, els vagons refinats i la foscor... No, no suporto la foscor subterrània, estar colgat dins la ferralla...

    De ben segur que per molts avenços que comportin els trens soterrats, continuaré assegut en aquests seients escalfats pel sol, ventilats pel mar.

    El tramvia s'atansava a la Plaça Tetuan. Discorria per la Gran Via de les Corts Catalanes com una petita formiga que segueix el rastre indeleble de les companyes. Tanmateix, en aquell precís moment, el tramvia es va aturar amb inusitada violència.


    Un temerari que creuava els rails havia estat envestit de gravetat. La víctima, d'aspecte descuidat, jeia inconscient al terra, amb una carpeta i papers escampats al seu voltant.

    [Participació per a la vuitena edició del Concurs de Relats Curts de TMB]

  5. No te mees encima

    12 ago 2012

    Personalmente, no sabría decir mucho de Miguel Delibes, más allá de simples indagaciones en wikipedia sobre su dilatada carrera novelística y su plaza en la Real Academia Española. No he leído otro libro de él que no sea El Príncipe Destronado, del que voy a vertir mis reflexiones más pequeñas y cariñosas. Es el primer libro que leo en dos estadios bien distintos de mi vida: pubertad y e incipiente madurez. Cuando lo leí con 13 años no reparé en la discusiones casi enfermizas de los padres, en la negligencia intencionada de las criadas o la desidia que muestra la Domi con Quico. Ahora, con 23, toda esta vorágine familiar me resuena muchísimo, como comprimida debajo de un revestimiento pueril.

    El Príncipe Destronado es un concepto recurrente y literalmente repetido en la novelita, además de ser un título meridianamente claro, para pequeños y grandes. Me hacen gracia las referencias a la España antigua tardofranquista, con La Conquista del Oeste y los cromos (que siempre tanto nos han enzarzado en búsquedas desesperadas), el ColaCao y los Chupachups, enmarcados en una familia fuertemente paternalista y de carácter conservador. 

    Además, en infinidad de veces, se reprende a Quico, el príncipe destronado, por repasarse, es decir, por mearse encima. A lo largo de la vívida descripción que Quico hace de su familia (en cierto modo el narrador es externo pero no omnisciente, y el léxico de Delibes adereza la visión reduccionista e ingenua de un niño de 4 años) vemos a Pablo, el primogénito, que tiene miedo de enfrentarse a su padre y decirle que no, algo en lo que su madre decide ayudarle. Vemos asimismo las tentativas de las criada Vito para besarse con el Femio a escondidas, algo que sorprende a Quico y lo ve como una mordedura vampírica. La madre de Quico es descrita como la bata blanca de flores, acertado recurso que magnifica la visión caprichosa y sesgada de los niños. El padre mata a muchos malos en la guerra y sus hermanos son testigos de la pasividad alarmante de un padre mezquino con su mujer y ausente. Todo esto descrito con todo lujo de detalles, pero bajo el tamiz de Quico, el príncipe destronado de cuatro años que mucha faena tiene ya para recuperar su posición otrora triunfante, usurpada por su hermanita de un año.



    La madre de Quico se siente derrotada y le mortifica pensar cómo será Quico de mayor, mientras mantiene una relación con otro hombre:

    -Lo malo es luego -dijo-, el día que falta Mamá o se dan cuenta de que Mamá siente los mismos temores que sienten ellos. Y lo peor es que eso ya no tiene remedio.

    El Príncipe Destronado es, sin duda alguna, el paradigma de la lectura madurativa, la lectura por fases que se van superponiendo, desde el niño que se siente marginado hasta la familia desestructurada y envenenada por la desidia del conservadurismo. Un libro que hay que leer, como mínimo, dos veces. No quisiera yo acabar diciendo estas palabras de la madre apática:

    -Lo nuestro hace años que ha terminado -señaló a Quico con la barbilla- pero están éstos y hay que fingir. Mi vida es una comedia.



  6. Lupus

    1 jul 2012

    S'ha vessat moltíssima tinta vers els llops, però mai fins ara no havia llegit un llibre que condensés tan bé tot el folklore, imatgeria i superstició a propòsit d'una interessant novel·la històrica d'intriga. Els Llops de Francesc Puigpelat és una història apassionant que, malgrat que estigui recoberta de cert envoltori amb reminiscències a telenovel·les de disputes i nissagues familiars, acaba traspuant una gran transcendència literària gràcies a les seves constants referències literàries i cinematogràfiques (i fins i tot una d'autorreferencial molt interessant on apareix el propi Puigpelat en tant periodista d'un retall d'article). La imatge del llop, ítem totèmic, literari, cultural i atàvic, al capdavall. Tant és així, que Llop ha acabat formant part de l'onomàstica a través de diferents llengües i cultures. I el temple ocult a Balaguer, testimoni atemporal de l'adoració i l'odi cap als llops, cruïlla inefable de totes les cultures i èpoques. Com si el llop gairebé fos un déu cínic que ha aclaparat tota la humanitat al llarg dels segles. No dóno detalls de la història perquè ni cal destripar la història ni m'interessa fer-ne un recorregut ordenat.

    Ja Fèlix Rodríguez de la Fuente els va desmitificar, però no queda dubte que sempre hi guardarem un lloc de prejudici i fatalisme cap aquests animals d'enorme poder simbòlic. 

    Personatges com el dimoni de Montclar que "s'esbargeixen mitja hora amb una meuca", o com El Coronel Carles Forné, que "disparen i maten com si es tractés de jugar al pòquer amb les cartes marcades". En tot el llibre hi trobem descripcions rurals i brutes, esdeveniments ignominiosos descrits amb el detallisme més escabrós i relacions entre personatges cíniques, fredes i inestables. 

    Abans de matar per primer cop un home, vaig tenir escrúpols. Tenia el cap del moro en el punt de mira. Estava de perfil, el rostre colrat, sense afaitar, cobert amb un turbant llardós, la barba un xic grisenca, amb la culata del fusell a la galta. I els ulls, quins ulls! Negres, orgullosos, que miraven cap a una altra direcció, però era quasi com si -per algun rar reflex, per un estrany efecte òptic- haguessin descobert la meva figura rere les branques d'una savina. En les caceres pel secà, amb el mateix rifle, havia matat centenars de perdius, de conills, de senglars immòbils. Però aquell moro...

    Trobem personatges que creixen, maduren i acaben fent honor als seus avantpassats, als seus cognoms. Acaben sent llops.


    També he gaudit molt llegint el llibre com a oriünd de Lleida que sóc. Reconec que a l'haver acabat de llegir, vaig sentir una curiositat molt tafanera per dins meu que m'incità a visitar la ciutat de Balaguer, inconeguda encara per a mi, malgrat que hauré travessat algun pont de la ciutat en autocar quan anàvem d'excursió a la Val d'Aran.




    I, no sé per què, he sentit la imperiosa necessitat de relatar el que em suscitava l'estil literari de Puigpelat i fins i tot el seu cognom. Aquest Puigpelat té un cognom de genuïna sonoritat rural i maldestra; és un cognom perfecte per als bandolers catalans del segle XVII o bé un malnom idoni per als més cràpules i guineus de la societat, lladregots de pa sucat amb soli o buscabregues. Nyicris, com diria en Vegeta. Ara mateix em ve al cap un possible personatge, amb certa reminiscència al Lazarillo, anomenat Ratapelada. Algú que seria capaç de sobreviure en una porquera emportant-se a la boca el que mengen els garrins, incloent-hi la merda seca. Que robaria als nens petits els pocs diners i aliments que duessin i violaria dones abans o després d'assassinar-les. Tanmateix, hom hi podria trobar un resquici d'humanitat i misericòrdia en un ésser d'aquestes característiques tan miserables moments abans que algú altre (potser un tal Camabruta) li etzibés una dreta perfecta i li trenqués la mandíbula, tot seguit d'una martellada al crani per a rematar-lo i enviar-lo a l'altre barri sense escrúpols, sense enterrament, colgat en un aqüífer o en un fangar oblidat, on els cucs hi farien cap.





    Perquè, no ho oblidem, la mort que hi trobem en aquest llibre és una mort pràctica: el triomf de la terra sobre el cadàver. Restar colgat tres o quatre metres al fons per a tota l'eternitat. Diuen que els llops en maten d'altres si els veuen patir. No s'estan amb floritures.

  7. Desaliento

    21 may 2012

    El Proceso de Franz Kafka es una obra cuyos referentes podrían encontrarse fácilmente en la vida del torturado y atribulado escritor (que en realidad nunca aspiró a ser escritor, cosa de la que dan buena cuenta los capítulos inconclusos y desordenados adjuntos en la novela inacabada). De todos modos, el principio y el final de la obra pueden servir para tentar la idea vertebradora y conclusiva de toda la obra: el desaliento ante la justicia opaca, inapelable e inexorablemente demoledora. Un leitmotiv pesimista, pesadillesco y, a la postre, kafkiano. Pues no es sino leyendo a Kafka que este adjetivo cobra vida.

    La condena empieza desde el desconocimiento. A pesar de que Josef K., el protagonista, ignore los motivos de su detención, ello no será óbice para que no ceda ni un ápice en su lucha contra la sinrazón de la justicia, representada en una suerte de funcionariado corrompido e irreal. Muchos detalles que arrojan coherencia sobre el asunto se ignoran y en lugar de eso, Kafka pareció centrarse en una crítica capital hacia la incomprensión del sistema judicial y su aislamiento en una remota torre de marfil. El pintor Titorelli es como un adivino, un clarividente con afortunadas influencias y de incisiva charlatanería:

    Estamos hablando de dos cosas diferentes: Por un lado está lo que establece la ley, y por el otro, lo que yo he visto personalmente. No lo confunda usted. La ley, y no la he leído, dice que el inocente será absuelto. En cambio, no dice que se pueda influir en los jueces.

    Dejándome a muchos otros en el tintero, Titorelli es el personaje que mejor funciona alegóricamente como el oráculo de Josef K. para descubrir los tejemanejes de un sistema judicial que le es inexpugnable e inalterable.

    Siendo detenido desde la primera página, Josef. K no cesa en su vida cotidiana, sentimental y privada. Y, después de un año, todo ha sido en vano. Nada ha servido, si bien todo el mundo, desde las niñas de Titorelli hasta el capellán de la catedral, pertenecían de algún modo u otro al tribunal. Todos parecían estar en una inefable conspiración contra Josef. K, solo ante la justicia, que de un modo implacable y silencioso, ejecuta al protagonista, sin saber el motivo de su condena:

    La lógica de las cosas es inquebrantable, pero a un hombre que quiere vivir no se le resiste. ¿Dónde estaba el juez, al que nunca había visto? ¿Dónde estaba el tribunal supremo, al que nunca había llegado? Levantó las manos con todos los dedos abiertos. Pero las manos de uno de los hombres se posaron pesadamente sobre la garganta de K., mientras el otro le clavaba el cuchillo en el corazón, dándole dos vueltas. Con ojos a punto de quebrarse, K. vio todavía cómo los dos, mejilla contra mejilla, estaban agachados sobre su cara para observar el final.  "¡Como un perro!", dijo. Era como si la vergüenza fuese a sobrevivirle.


  8. Pasividad

    7 feb 2012

    Con el teléfono en la mano me dijo: "Los empleados de pompas fúnebres ya esperan hace un momento. Voy a pedirles que vengan para cerrar el féretro. ¿Quiere antes ver usted a su madre por última vez?" Dije que no. Ordenó por teléfono, bajando la voz: Figeac, diga a los hombres que pueden ir".

    ¿Qué es la pasividad? Tal vez podamos explicarla, a corte literario, a través de El extranjero de Albert Camus. La historia discurre de una forma tan lúcida a la par que desconcertante que a uno le dan ganas de dejarse llevar por la atmósfera cínica, indiferente, prosaica e incluso mordaz de la novela (novelita corta, no sé si llamarla nouvelle) y no andarse con chiquitas narratológicas. Focalización interna, narración nada iterativa y mucho monólogo interior (ordenado tal vez como simples diálogos indirectos). 

    La pasividad, en principio, es no hacer nada. Por ende, podría considerársela como algo meramente individual, como un proceso de nulidad comunicativa y a la postre humana, social. Pero la pasividad, puede ser quizá, un suceso que necesita la intervención de la sociedad, eso sí, alienante. La intervención del prójimo que te despoja de autonomía, la intrusión indeseada de mentes pensantes ajenas, sustitutorias.

    Meursault, su protagonista, no recuerda a su madre, como tampoco se plantea siquiera el amor hacia su fogosa Marie, con la que se deja llevar mirando sus senos mientras van al cine, a bañarse en la playa o a corresponder en silencio las inquietudes existencialistas de la muchacha:

    Por la tarde, Marie vino a buscarme y me preguntó si quería casarme con ella. Le dije que me daba igual y que podíamos hacerlo si era su deseo. Me preguntó entonces si la quería. Contesté, como ya había hecho una vez, que nada significaba eso, pero que ciertamente no la quería. "¿Por qué te casarías entonces conmigo?", dijo ella. Le expliqué que la cosa no tenía importancia alguna, pero que si ella lo deseaba podíamos casarnos. Además, era ella la que lo preguntaba y yo me limitaba a responder que sí.

    Casi de casualidad, Meursault mata a un árabe. Nada de crimen motivado por xenofobia, venganza o arrebato irrefrenable. De hecho, es un crimen pasivo, por mucho que cueste creerlo. Comente un crimen casi como influenciado por su amigo Raymond, que tuvo unos rifirrafes con algún árabe, hermano de su ex-mujer (a quien maltrata con desdén). 

    Toda la segunda parte del libro relata cómo se celebra un juicio de pura ficción; lo remarco porque resulta curioso que las pruebas y los alegatos tomen como punto de referencia la vida pasiva e insensible (en palabras del fiscal) del protagonista, y a partir de cavilaciones sobre su persona se llegue a un veredicto fulminante.

    Sólo una intervención puntual del abogado nos trae atisbos de sensatez, como desvelando la suspensión de incredulidad del juicio:

    ¿Se le acusa, en fin, de haber enterrado a su madre o de haber matado a un hombre?

    Pero esta distinción entre lo estrictamente judicial y las divagaciones fantasiosas parece caer en saco roto. Describiéndonos el juicio, los testimonios y el insoportable calor, Meursalt acaba siendo juzgado como persona antes que como criminal. Su abogado habla incluso por él. El fiscal se aventura a decir que puede ser juzgado por los demás crímenes que sobre los que se ponderará en la misma sala. Le acusa (en un momento álgido que desposee de individualidad a Meursault y lo traslada al plano humano, atávico) de:

    Les pido la cabeza de ese hombre -dijo-, sin la menor preocupación se la pido. Pues aunque haya tenido, en el curso de mi ya larga carrera, ocasión de reclamar penas capitales, nunca como hoy he sentido ese penoso deber compensado, equilibrado, iluminado por la conciencia de un mandamiento imperioso y sagrado y por el horror ante el rostro de un hombre donde nada leo que no sea monstruoso.

    No importan ni las extremaunciones ni las reconsideraciones en el lecho de muerte. Un final irónico pero trágicamente profundo, un sesgo brillante de la humanidad condensado en la pasividad, esto es, la susceptibilidad de dejarse llevar y corresponder así el mal hacer del "prójimo". ¿Es, pues, la pasividad, pecado del sumamente individualista o complicidad hacia una sociedad decadente?



    El extranjero, Madrid: Alianza, 2009, Traductor: José Ángel Valente

    PD: La portada de esta edición inglesa me parece ilustrar mejor las sensaciones que produce la lectura.

  9. Aranea

    2 jun 2011

    In the darkest,

    abandoned, dull places

    where nobody dares to stay,

    dwell small creatures

    oblivious to decay.

    You can see how their weaving

    breed their threads of death.

    In the most perfect silence,

    awaiting for an unwarned visitor,

    to fall in the invisible grave


  10. Corpus et Mens

    1 jun 2011

    Quietud de cos

    Té una profunditat als ulls inimaginable... Qui ho diria que els confins del món acaben allí, als
    ulls. El seu mutisme és increïble. Mai no m'ho hauria imaginat. Sembla que, en un d'aquests
    gests imaginats, saludi o evoqui records, però es limita a observar-me, en zelosa postura. El
    cel nuvolós projecta les seves ombres al carrer, i aquestes, al seu torn, fan que ella sembli un
    espectre. La lucidesa d'aquest espectre, nogensmenys, resta perduda. La vaguetat de la seva
    mirada connota autèntica desídia d'esperit. Li veig als ulls; malgrat la immobilitat d'aquests, la
    seva ment em defuig. Com espills inconeguts, la meva roba, les meves lligadures, l'ofusquen,
    la torben... la turmenten.

    Sembla que el temps només arbitri per a nosaltres. Continua sense moure's, com atrapada
    dins meu. Els segons s'esgoten pacíficament. El pes del dia l'empeny cap a paratges més
    aferrissats. Tinc la sensació que es mou. Un lapse de temps fa que ara la vegi de genolls. El
    seu cabell m'indica que sent gust per les altes perruqueries. Segur que destil·la un perfum car.
    La transiència del seu cos es concentra ara en la seva postura. Em fascina que ella pugui ser
    capaç de disfressar la seva trèmula consciència en una aparença tan implacable.

    No dóna pas crèdit al que està veient. Bé, o potser li fascinen aquestes formes meves tan
    hipnòtiques. El conjunt de les nostres formes comença a entrar en comunió. Sembla com si
    l'ombra dels núvols deixés passar un finet vel translúcid sobre nosaltres dos. I ens continuem
    mirant. L'apaivagament de les seves forces mentals es fa palès ja en la seva actitud minvant.
    Els seus ulls perden l'esfericitat, la infinitud. Els seus ulls tornen a mostrar la buidor d'esperit
    que no havia vist abans. El Sol, amatent testimoni, ens deixa rebre rajos d'angoixant
    parsimònia.

    S'aixeca, ho veig definitivament. Se li ha caigut una arrecada. Es torna a ajupir perquè pugui
    recollir-la. S'arregla els seus cabells, que s'havien fet un embolic amb aquest exercici de pujar
    i baixar. Les seves cames, baliga-balaga, no es comprometen a prendre cap direcció. El seu
    rostre se sent sorpés, com despertat d'un somni dolç.

    Cada dia es canvia de roba, de cabells... es maquilla de mil maneres. Juga amb l'aparença i el
    cos, però jo sé que és ella, perquè he pogut veure-hi a través de la seva ment. És la que
    sempre ve a veure'm.

    Quietud de ment

    Avui és diferent. Sé que avui ho intentaré resoldre. Tinc un entumiment dels ossos que
    m'impedeix caminar amb fermesa. Però m'és igual, a la porra tot... Ja la torno a veure. Allí
    està. En la seva típica postura. Renoi, però si sembla que l'hagin canviada un altre cop. Quina
    murga, tot i que... no sé. Vejam. Què és? Ai, sí que bado... que no li trec els ulls de sobre.

    Quin vestidet més maco que li han ficat. Però fan bé de no maquillar-la. I si...? Au, vinga, no
    pot ser... Ja fa temps que em passa pel cap... pero qui sap. Bé, a veure, fins que no en tingui
    la certesa, no ho sabré. I mira! I em continua mirant! Per un moment m'ha semblat sentir-me
    fosa amb els seus ulls. Sí, clar, fosa. I el cel, quin cel. Déu n'hi do. Però si hi ha un núvol
    gegantí! Segur que si estigués al carrer patiria. Per això la veig tan tranquil·la. Quina sort, tu.
    Està allà dins, i ella va fent. Què bé, si jo pugués fer la seva vida, ja veuries, ja.

    Aix! Els ossos. Tu rai que no tens esquelet. Clar, així normal que no et puguis moure, maca. No
    em sorprén gens que no et moguis. Segur que podria imaginar-me fàcilment moltes d'altres
    movent-se. Però tu no, ni que tinguessis esquelet et mouries. Quina serietat. I és que no m'ho
    crec. Doncs sembla ser que sí...

    Mare meva. I un altre cop. Però sí que em despisto! Ai, ai, ai. Quin mal fan les llàgrimes
    aquestes. Però quanta estona portaré amb els ulls oberts? Mira, mira. Renoi, ara sí que no hi
    ha dubte. Però és que... no sé. Mira, els ulls no li canvien. Pensaria que sí. Però sí, és cert,
    pensa. Aquesta maniquí pot pensar. I si estigués pensant sobre el que jo penso?

    Casum l'olla. Cabellets! Si us plau, no em molesteu, que no trobo l'arrecada. Sí, segur que
    millor que les portés ella. En fi... així que era això. No es pot moure. Mira que les amigues
    m'ho havien jurat i perjurat. Maleïdes mentideres. Ja veureu, ja. Com us agafi... però sí que
    pensa, sí. Ja ho crec, i tant que sí. Ai, les cametes. Sigueu bones amb mi, que els hi ho tinc
    que explicar a les amigues.

    Ara veuran... espero al menys poden saber què estaria pensant de mi.


    Quietud de cuerpo

    Tiene una profundidad en los ojos inimaginable... Quién lo diría que los confines del mundo acaban allí, en los ojos. Su mutismo es increíble. Nunca me lo habría imaginado. Parece que, en uno de estos gestos imaginados, salude o evoque recuerdos, pero se limita a observarme, en celosa postura. El cielo nubloso proyecta sus sombras en la calle, y éstas, a su vez, hacen que ella parezca un espectro.

    La lucidez de este espectro, sin embargo, resta perdida. La vaguedad de su mirada connota auténtica desidia de espíritu. Se lo veo a los ojos; a pesar de la inmovilidad de éstos, su mente me rehuye. Como espejos extraños, mi ropa, mis ligaduras, la ofuscan, la turban... la atormentan.
    Parece que el tiempo sólo arbitre para nosotros. Continúa sin moverse, como atrapada dentro de mí. Los segundos se agotan pacíficamente. El peso del día la empuja hacia parajes más encarnizados.

    Tengo la sensación de que se mueve. Un lapso de tiempo hace que ahora la vea de rodillas. Su cabello me indica que tiene gusto por las altas peluquerías. Seguro que destila un perfume caro. El tráfico de su cuerpo se concentra ahora en su postura. Me fascina que ella pueda ser capaz de disfrazar su trémula conciencia en una apariencia tan implacable.

    No da crédito a lo que está viendo. Bien, o quizás le fascinan estas formas mías tan hipnóticas. El
    conjunto de nuestras formas empieza a entrar en comunión. Parece como si la sombra de las nubes dejara pasar un fino velo translúcido sobre nosotras dos. Y nos continuamos mirando. El menoscabo de sus fuerzas mentales se hace patente ya en su actitud menguante. Sus ojos pierden la esfericidad, la infinitud. Sus ojos vuelven a mostrar el vacío de espíritu que no había visto antes.

    El Sol, acechante testigo, nos deja recibir rayos de angustiosa parsimonia. Se levanta, lo veo definitivamente. Se le ha caído un pendiente. Se vuelve a agachar para que pueda recogerla. Se arregla sus cabellos, que se habían hecho un lío con este ejercicio de subir y bajar. Sus piernas, obtusas, no se comprometen a tomar ninguna dirección. Su rostro se siente sorprendido, como
    despertado de un sueño dulce.

    Cada día se cambia de ropa, de cabellos... se maquilla de mil maneras. Juega con la apariencia y el
    cuerpo, pero yo sé que es ella, porque he podido ver a través de su mente. Es la que siempre viene a verme.

    Quietud de mente


    Hoy es diferente. Sé que hoy lo intentaré resolver. Tengo un entumecimiento de los huesos que me impide andar con firmeza. Pero me es igual, al carajo todo... Ya la vuelvo a ver. Allí está. En su típica postura. Anda, pero si parece que la hayan cambiado otra vez. Qué lata, a pesar de que... no sé. Veamos. ¿Qué es? Ay, sí que me distraigo... que no le saco los ojos de encima.

    Qué vestidito más cuco que le han metido. Pero hacen bien de no maquillarla. ¿Y si...? Anda, venga, no puede ser... Ya hace tiempo que se me pasa por la cabeza... pero quién sabe. Bien, a ver, hasta que no tenga la certeza, no lo sabré. ¡Y mira! ¡Y me continúa mirando! Por un momento me ha parecido sentirme fundida con sus ojos. Sí, claro, fundida. Y el cielo, qué cielo. Hay que ver. ¡Pero si hay una nube gigantesca! Seguro que si ella estuviera en la calle sufriría. Por eso la veo tan tranquila. Qué suerte, tú. Está ahí dentro, y ella va tirando. Qué bien, si yo pudiera hacer su vida, ya verías, ya.

    ¡Ay! Los huesos. Como tú no tienes esqueleto... Claro, así normal que no te puedas mover, guapa. No me sorprende nada que no te muevas. Seguro que podría imaginarme fácilmente muchas otras moviéndose. Pero tú no, ni que tuvieras esqueleto te moverías. Qué seriedad. Y es que no me lo creo. Pues parece ser que sí...

    Madre mía. Y otra vez. ¡Pero sí que me despisto! Ay, ay, ay. Qué daño hacen las lágrimas estas. ¿Pero cuánto rato estaba con los ojos abiertos? Mira, mira. Vaya, ahora sí que no hay duda. Pero es que... no sé. Mira, los ojos no le cambian. Pensaría que sí. Pero sí, es cierto, piensa. Este maniquí puede pensar. ¿Y si estuviera pensando sobre lo que yo pienso?

    Maldita sea. ¡Cabellitos! Por favor, no me molestéis, que no encuentro el pendiente. Sí, seguro que mejor que las trajera ella. En fin... así que era esto. No se puede mover. Mira que las amigas me lo habían jurado y perjurado. Valientes mentirosas. Ya veréis, ya. Como os coja... pero sí que piensa, sí. Ya lo creo, y tanto que sí. Ay, mis piernecitas. Sed buenas conmigo, que se lo tengo que explicar a las amigas.

    Ahora verán... espero al menos que pueda saber qué estaría pensando de mí.

  11. "Disfemismo" es realmente un eufemismo de "insulto".


  12. 4 may 2011


    La Semana de las Greguerías. "Contradicciones"


    Homenajeando al entrañable e irrepetible Ramón Gómez de la Serna, me dispongo a recrearme en mis artilugios estilísticos más anodinos para acometer con un fin igualmente trivial, aunque necesario: la señalación de las paradojas. Contradicciones inesperadas, altibajos supinamente innecesarios, observaciones totalmente prescindibles; todo ello, sin embargo, bajo el prisma del lenguaje sincero y ante todo pueril, pero clarísimamente inocente.

    Ramón Gómez de la Serna fue el inventor de las Greguerías. Ya a principios del siglo XX gestaba (a saber si en sus ratos libres) sus celebérrimas y atroces estupideces del mundo a veces tan apresuradamente moderno. Su máxima para comprender las greguerías fue la siguiente: Metáfora + Humor= Greguería. Metáforas a veces sencillas, otras veces retorcidas; humor usualmente desenfadado y distendido, otras veces mordaz. Recrear a Gómez de la Serna no va a ser nada fácil. Pero con la intención de cerciorarme de que hay muchísimas más contradicciones de las que sospechamos, allá voy.



  13. 9 abr 2011

    Fuegos fatuos benevolentes,

    pendéis de texturas escabrosas,

    me fascináis, centinelas durmientes,

    luego atisbo celdas lastimosas.


    Conocéis más que el Sol,

    mas indagáis sin la Luna.

    Dejad que me presente:

    yo testigo errante, visitante,

    y vosotras desconcertantes.


  14. 8 abr 2011

    Dura erosión, marmóreas efigies

    estigia montaña es tu barroca cara,

    de Creta vástago, hercúleo enemigo

    cruzados pétreos pantanos de Marte,

    muestras ímpetu, coraje, brutal y

    salvaje estandarte.